martes, 29 de marzo de 2016

La historia de Jorgito

Jorgito es el nombre imaginario que voy a darle a un niño que representa una combinación de casos de niños de Altas Capacidades y, al contar su historia, espero al menos inspirar qué no es justo hacer con estos pequeños.
Muchas veces se habla de NO ETIQUETAR a estos niños, y verdaderamente y, aunque algunos piensen que es tirar piedras contra mi propio tejado, para utilizar el conocimiento de una diferencia de este modo, es cierto, mejor no etiquetar, mejor conocer para ayudar, no para destruir. Comenzamos.

« Jorgito se cansó de colorear en infantil. 
Un día, cuando terminó uno de sus increíbles dibujos en casa, su mamá le preguntó por qué no lo pintaba porque si ya era así precioso, pintándolo sería seguramente mejor, pero Jorgito se negó rotundamente diciendo:

- ¡Estoy harto de pintar en el cole! En inglés pintar fichas, en religión pintar fichas, en todo lo demás pintar fichas, tooooooodo el día pintando fichas así que no pienso pintar más.

Y así fue como su mamá empezó a guardar dibujos sin colorear.



Jorgito aprendió en infantil también, que no era el momento de leer, que era demasiado pronto, aún cuando no sabía diferenciar lo que significaba pronto o tarde, así que como él no "debía" leer pero le encantaban los libros, le pedía a su madre que le leyera cada día. Su madre se lo encontró muchas veces en su habitación pasando las hojas de uno y otro libro.

Cuando llegó a primaria Jorgito estaba feliz. Tenía un profe nuevo que le contaba cosas del Universo, de la mitología...a Jorgito le encantaba escuchar sus historias y aprender. Jorgito estaba feliz y su profe le daba la enhorabuena cada vez que daba la respuesta correcta al levantar la mano. Sus compañeros comenzaron a llamar a Jorgito "el matemático", por su habilidad con el cálculo mental y para entender las mates. Todo el mundo apreciaba a Jorgito porque además era buen compañero y amigo. Su profe en aquel momento pensaba: "No creo que haya ningún Einstein en esta clase". La mamá de Jorgito no supo ver que aquella frase ya indicaba algo.

Cuando comenzó el curso siguiente, con ese mismo profe, el orientador del cole le hizo unas pruebas a Jorgito y determinó que el pequeño tenía Altas Capacidades. Su profe dijo: "Mmmm, la verdad que sí, de tener un alumno superdotado en clase él es el que podría ser" y, como si un ser extraño le hubiera abducido dejó de mirar a Jorgito con los mismos ojos, pero peor que eso fue, que empezó a tratarle de otra manera. Ya no le daba la enhorabuena cuando respondía correctamente sino que ni siquiera le miraba cuando levantaba la mano para indicar que sabía la respuesta. Dejó de contar las historias que a él le apasionaban y que conseguían contagiar a Jorgito de ganas de aprender, porque pensó que Jorgito sabía más de lo que decía.

Jorgito, empezó a no entender qué pasaba pero seguía siendo un niño, así que, cómo no fue capaz de esperar un día a la salida de clase a su profesor y decirle:
-Por favor profe, necesito hablar con usted. Siéntese y míreme a los ojos. Quiero contarle que me siento mal, que usted me hace daño tratándome de esta manera, y es que no entiendo qué es lo que ha cambiado, qué hice mal para ofenderlo. Yo quiero seguir aprendiendo y sigo esforzándome, pero usted ni siquiera me mira y eso me duele después de que me ha hecho entender durante todo el curso pasado que lo que estaba haciendo era lo correcto. ¿Qué ha ocurrido para que ahora eso mismo le ofenda en lugar de gustarle como antes?


Lo dicho, como seguía siendo un niño aunque tuviera Altas Capacidades, lo que hizo fue enfurecerse, rebelarse, enfadarse...salía del cole enfadado, muuuy enfadado. Por las noches no quería irse a dormir porque significaba que al despertar tendría que ir al cole. Por las mañanas no quería levantarse, o le dolía algo, porque no quería ir al cole, y cuando ya no pudo más, también en el cole empezó a interrumpir las clases llegando incluso a tirarse en el suelo y patalear como un pequeñajo rabioso.
El profe habló con los padres para decirles que no podía tolerar ese comportamiento y, aunque ellos intentaron explicarle, los padres nunca tienen la razón.

Cómo pudo, Jorgito fue terminando aquel año, y el día que acabó fue feliz sabiendo que en el próximo curso él ya no sería su maestro.

Al curso siguiente....más de lo mismo o peor. Su profe decía que podía dar más de sí y los padres se preguntaban desde cuando habían cambiado la manera de evaluar para que las notas más altas ya no fueran un 10, ella lo solucionaba bajándoselas a 9.50 por no poner su apellido en la hoja del examen por ejemplo. 
Jorgito lo entendía todo a la primera y terminaba las tareas, ¡incluso los deberes! en su horario de clases. Aún así tenía tiempo de aburrirse así que le dieron más de lo mismo. 
Jorgito empezó a pensar:

- Vamos a ver, sacó las mejores notas de clase y de premio me mandan más deberes. Sin embargo, a esos compañeros que no se enteran de nada, ¡y mira que lo repite mil veces! y sacan un 5 (y a veces porque les suben la nota... dice la profe que porque se esfuerzan ¿No me esfuerzo yo aguantando este rollo tantas horas todos los días?) les dan la enhorabuena y les dejan que no hagan tantos deberes...Yo debo ser tonto. 


Y empezó a intentar bajar sus notas. Llegó a tachar respuestas correctas en exámenes para poner las incorrectas y aún así aprobaba....con lo que el pobre, de no ser por el humor de su madre, hubiera pensado que era más que tonto...

Así, cada curso, durante los 3 años de infantil y los 6 de la educación Primaria, a Jorgito se le repetía en su cabeza como un mantra la palabra que más veces había escuchado: "Espera, espera, espera, espera...." Espera que terminen tus compañeros, espera que lo entiendan, espera que se lo explique, espera, espera, espera..... y llegó a la secundaria.

Cuando llegó al instituto había más profesores, más asignaturas...y aunque seguía sin costarle demasiado sacar buenas notas, ya no eran siempre las mejores, cosa que algunos de sus compañeros celebraban con un: "Mamá, saqué más nota que él y es superdotado", delante de Jorgito y su mamá. A Jorgito y a su mamá les dolía esto, él no quería ser referencia para nadie, él no era una meta. 

Así que en secundaria, el mantra cambió, y en lugar de "espera" se convirtió en: "Es que es muy listo pero un poco vago", y mientras más subía de curso, más vago lo consideraban. ¡Y eso que en primaria le decían a su madre que nunca le dijera que era vago para no etiquetarle y se convenciera de ello!

Jorgito está pensando en dejar los estudios porque él quiere aprender y se ha dado cuenta de que lo que todos quieren simplemente es que apruebe y saque las mejores notas, esas que cuando era niño le bajaban por no poner un apellido, esas por las que le premiaban dándole más tarea...Jorgito, que pasó la adolescencia hace tiempo aunque por edad debería pasarla ahora, no entiende nada...o prefiere no entenderlo porque no le gusta lo que ve. »


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